Se transcriben los últimos párrafos de la publicación homónima realizada por la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas en el año 2000 del trabajo del Dr. Isidoro J. Ruiz Moreno. 
"(...) Ese llamado a personajes honorables, capaces y patriotas, de cualquier signo político, para mejor servir a la Nación común, fue la norma seguida por los grandes Presidentes argentinos. En el plano de la política exterior, donde se juegan otros fundamentales intereses, Sarmiento designó representante diplomático en Chile a don Félix Frías, superando anteriores antagonismos, lo mismo que a Mitre ante Brasil; y años después Roca será despachado también a Río de Janeiro por su otrora acérrimo adversario Sáenz Peña. Son los hombres solitarios, por que se consideran los únicos incorruptibles, los que rechazan la concordia, y mueren desesperanzados, como Leandro Alem y Lisandro de La Torre -dejando por cierto a salvo su integridad y talento-, pero sin dejar obra positiva, dedicados tan sólo a una oposición refractaria al entendimiento:
De Carlos Pellegrini, de cuya energía nadie puede dudar, ha escrito Octavio Amadeo en una de sus bellas Vidas argentinas: . "Tuvo desde joven la difícil tolerancia que otros alcanzan a la vejez, la tolerancia de los abuelos que aprenden la gran lección de la vida, que es transigir y perdonar. Como no pretendía el monopolio de la capacidad .y la virtud, aceptaba y buscaba la colaboración ajena para el bien común; eso que se llama ahora contubernio". Es claro el momento en que escribía el doctor Amadeo... El mismo aclara sobre el término: "Éste, cuando no es la repartija de la banda voraz, es el acuerdo de los adversarios que deponen su egoísmo en aras del interés supremo, es una función de la democracia, donde hay muchas voluntades que concordar; no es posible en la dictadura, donde impera una sola voluntad. Se ha practicado siempre donde hay tres fuerzas para imponer la ley de la verdadera mayoría. Gracias a él pudo derribarse la tiranía de Rosas y salvarse varias veces la República. Urquiza, Mitre, Sarmiento y Avellaneda han sido hombres de contubernio. Pellegrini también 10 practicó abiertamente con su gran lealtad y nobleza. El contubernio está en la naturaleza y en la vida, en los ríos que se juntan para formar el estuario, y en los seres que se aman para perpetuar la raza. Y los que en política no 10 practican abiertamente, lo realizan a escondidas, y entonces sí, la palabra readquiere su acepción vergonzosa" .
Esa misma fue la política seguida por el Presidente de la democracia, Roque Sáenz Peña: "Los dignatarios de una República no se instituyen en beneficio de sus allegados", enseñó; y dijo también: "He perdido a casi todos mis amigos porque he gobernado para la República".
Paul Groussac expresó la fórmula: "Todo se concilia con tener hombres de principios; es decir, con entregar la dirección de los diversos mecanismos sociales a los que. poseen competencia para conocer sus deberes y conciencia para cumplirlos. Estos jefes dotados del doble requisito son raros, pero no inhallables. Es obra personal del supremo mandatario discernir a los que deben ser sus principales e inmediatos colaboradores, y una vez encontrados estos right men, colocarlos en sus right places, no averiguando si son güelfos o gibelinos, sino únicamente si están dispuestos a propender con todas sus fuerzas intelectuales y morales al bien común".
VI
Claro que no se trata de una aparcería en el Poder, meramente por logros subalternos, sino del trabajo común en beneficio de la Patria de todos; no de alianzas efímeras para alcanzar objetivos menguados. En nuestros días hemos asistido a la formación de listas conjuntas de candidatos provenientes de varios Partidos que coinciden en propósitos de fondo; y cada tanto tiempo vuelven a darse estos ejemplos. Uno notorio ha sido la formación de la Alianza, en Corrientes, de los Partidos Autonomista y Liberal, ambos de vieja raigambre histórica, olvidando enconos antiguos y recientes, en gesto que honra a sus artífices y continuadores. Muy distinto es el caso de pactos espúrios -como el reciente de Olivos-, para quedarse sus autores con la división de un botín electoral.
Volvamos a tiempos más lejanos, para terminar con un último par de ejemplos.
El primero es negativo, personificado en Hipólito Yrigoyen, el cual volvió al exclusivismo partidista, muy lejos de la tolerante amplitud de un auténtico hombre de Estado. Incluso muchos de sus seguidores entusiastas, al contradecir sus opiniones y actitudes, vieron finalizar sus carreras políticas, o debieron encausadas por otros caminos, al apartarse de una gestión de marcado tinte personalista. Escribió su contemporáneo Carlos Ibarguren: "En lo interno la atención primordial, diré casi exclusiva, fue encaminada a satisfacer los intereses del Partido Radical y la dominación de su oficialismo en la República entera". Esta tendencia de Yrigoyen llevó a conformar el gran sector del radicalismo denominado antipersonalista, que siguiendo una tendencia natural, llegó a concertar su alianza con las fuerzas opositoras de otros Partidos: de aquí nació la llamada Concordancia, o el "contubernio", en palabra de Hipólito Yrigoyen.
Manifestó el doctor Federico Pinedo respecto a este movimiento concretado durante la gestión del Presidente Justo: "Para las fuerzas gobernantes el deber era contemporizar entre ellas, negarse a acentuar la desunión en razón de diferencias ideológicas o históricas; admitir no sólo entre ellas, sino también con respecto al adversario, soluciones transaccionales, resistiéndose a dejarse encerrar en supuestos dilemas de hierro pro o contra, o a seguir la política de todo o nada a que se sienten tan inclinadas nuestras masas populares, y algunos dirigentes que quieren congraciarse con ellas por ese medio sencillo. En la complicación de la vida política y social argentina el deber de la hora era apartarse deliberadamente de la famosa línea recta que tanto se pondera, y que es difícil saber qué promete de bueno en política como en asuntos de Gobierno". Así la gestión del general Justo pudo alcanzar resultados positivos.
Empero, la lección no fue aprovechada, y la intransigencia como medio gubernativo volvió a imperar, en su más absoluta manifestación, durante el régimen encabezado por Perón, quien impuso la afiliación obligatoria de los empleados públicos al Partido que llevaba su nombre; por otra parte, el único habilitado para manifestarse con libertad.
No me cabe extenderme más. Mi propósito ha sido pasar revista a algunas circunstancias históricas, para marcar actitudes, sosteniendo que todos los ciudadanos probos pueden ser llamados a colaborar con un Gobierno que no sea de su Partido, sin mengua de sus principios, cuando aquel muestra que tiene en vista el bienestar de la República."