IDENTIDAD LITERARIA Y LOS CAMBIOS EN EL POSMODERNISMO
IDENTIDAD LITERARIA Y LOS CAMBIOS EN EL POSMODERNISMO
Por Vilma Lilia Osella
Vivimos en la posmodernidad. Esto es así desde la caída del muro de Berlín, la emancipación de la mujer y sobre todo la llegada de Internet a la Tierra. El escritor de hoy debe pensar la identidad de su relato y pensarse a sí mismo como en un círculo, desde donde llegará la voz de todas las latitudes con la última información, sumar a ésta la de sus genes, su historia personal, el sitio geográfico donde nació y se desempeña, su yo y sus implicaciones, y todos los otros que eso representa. No es ésta mejor ni peor que otra forma de pensarse, de encontrar su identidad literaria. El sólo la nueva. Y ya es bastante. Somos terminales de una gran rueda informativa que nos cautiva y mejora, si sabemos aprovechar los cambios.
Desentrañar el relato
En la introducción de su trabajo, “El Espacio Biográfico” Dilemas de la Subjetividad Contemporánea, Leonor Arfuch, doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, profesora e investigadora de la misma universidad, hace hincapié en la experiencia de vida. O sea el tiempo que ya fue, el que es y el que vendrá. Y en esto coincide con Paul Ricoeur que afirma que una vida humana es esencialmente la experiencia en el devenir. Afirma luego que hablar de relato es algo más que ese devenir: es la forma cómo se estructura la vida, es la identidad. Roland Barthes lo dice mejor: “El relato se burla de la buena y la mala literatura: internacional, transhistórico, transcultural, el relato está allí, como la vida”.
Un tiempo físico, un tiempo crónico y un tercer tiempo que es la identidad narrativa, determinan el análisis del relato. Un tiempo físico porque es “ahora” cuando se escribe; un tiempo crónico que es el “momento histórico” en que se escribe y un tercer tiempo que es la identidad narrativa. La voz narrativa no sólo tiene un yo, sino un tú y un otros. La identidad literaria se edifica entonces con la experiencia personal, la voz del Yo que se despliega hacia el otro, involucrándolo con sus expectativas, sus ilusiones y su atención aplicada al leer otra voz. Pero nace de una historia personal, de una conciencia personal, y de un testimonio personal.
Lo íntimo, lo más recóndito del yo, necesita aflorar para narrar la confidencia: es así como se elabora el relato, desde lo biográfico, lo íntimo, lo privado hacia la necesidad de compartir y luego el compartir mismo. Después la espera de las voces que vienen a devolverlo, representarlo. Por otra parte, una lógica representativa de los hechos (mímesis) y el recuerdo (memoria) son los dos elementos que juegan en la narración. Ésta puede o no ser autobiográfica, aunque siempre la tentación de la vida personal aflorará en el recuerdo, dispensará la inspiración y saldrá como texto hacia la otredad.
Decimos que somos lo que la genética, la historia personal, la geografía del lugar donde nacemos y otros avatares determinan en nosotros. Paul Ricoeur lo explica en su libro Crítica y Convicción donde aclara lo que él es por nacimiento, herencia y cultura y lo que él es en la instrucción posterior que lo convierte en filósofo. Situación que le permite confrontar de forma permanente y elegir: se dice un filósofo por una parte, y un cristiano reformado (es protestante) por la otra. A esta elección continua la denomina honestidad intelectual, la que Nietzsche niega a los cristianos. Sin embargo es esa elección la que lo lleva a un azar transformado en destino. Y éste no significa una carga, una coacción sino una convicción a la que adhiere. El término adhesión es apropiado en el cristianismo porque conlleva la aceptación de una figura personal “bajo la cual el Infinito, el Altísimo se deja amar”, dice Ricoeur. A partir de allí, se anima a caracterizar el “aquí me tengo”, lo que califica como “un absoluto relativo”. “Relativo” desde el punto de vista de la sociología de las religiones: es que la religión a la que Ricoeur se conecta se incluye en el mapa de la “dispersión” y “confusión” de Babel. Una Babel nada catastrófica sino la que afirma la pluralidad de los fenómenos humanos. En cuanto al sintagma “absoluto relativo” explica que le agrega relativo para inscribir el albur originario al rango de destino, por esto de la elección permanente, de una adhesión a Cristo fuertemente enclavada en su corazón. Esta adhesión no toca su discurso filosófico, ni su identidad literaria.
Modernismo y Vanguardia
El de las vanguardias es un texto fragmentado que se rehúsa a la narración de la subjetividad y escucha la diversidad de voces : con las de la infancia teoriza, polemiza e incluye la voz de otros libros que hicieron a su cultura, a su formación, la entrelaza y encuentra variadas formas de ficción. En la producción del texto el autor incorpora a la mímesis y la memoria la experiencia del análisis.
En la narración fantástica, tenemos a Jorge Luis Borges con su PIERRE MENARD, AUTOR DEL QUIJOTE. A mí también me engañó Borges con ese cuento. Y no es que no haya leído al autor: hice trabajos de reseña y esos mini ensayos que se leen en los encuentros literarios e investigué el recorrido de las casas que habitó y lo que ocurrió literariamente en cada una de ella, trabajo que edité en una antología y se usó en el Itinerario Borgiano, paseo cultural que incluye la ciudad de Buenos Aires en sus visitas guiadas. No fui la única engañada. Cuando se publicó en la revista Sur de Victoria Ocampo, allá por 1939, sus amigos lo felicitaron y un viejo colega le dijo que sus comentarios sobre Menard no decían nada que no se hubiera dicho antes. Borges escribió este cuento después de haber recibido un golpe en la frente con el borde de una ventana abierta. Esto le provocó una herida que se infectó y lo llevó a las puertas de una septicemia. Cuando se recuperaba tuvo temor de haber perdido sus capacidades. Hasta entonces había escrito reseñas y poemas y todos habían sido publicados con éxito. Decidió hacer algo distinto. Ni los lectores de Sur, ni la perspicaz Victoria, ni los amigos del autor comprendieron el significado del nuevo aporte literario de Borges. Sí el jefe de Redacción de Sur, José Bianco que auguró: “Es el primer cuento fantástico de inspiración metafísica”. Veamos. Pierre Menard es en el relato, un poeta simbolista francés de la década del ’20 que decide reescribir el Quijote. No tenía ni la experiencia, ni las vivencias, ni la cultura de Cervantes. Pero quería, línea por línea, hacer un nuevo Quijote. No deseaba copiarlo, ni hacer una versión contemporánea, ni conseguir popularidad: “ser en el siglo XX un novelista popular del siglo XVII”. Sólo tenía un asombroso propósito: hacer un Quijote diferente. Que la misión sea imposible es la dura lección que aguarda al lector. Es que nunca estamos leyendo el original. Siempre leemos conforme nuestro idioma, nuestra propia existencia, nuestras lecturas anteriores, nuestra voz, nuestra experiencia, nuestro lugar en el mundo. La conclusión de Pierre Menard es que don Quijote murió con Cervantes. Y que todos los nuevos Quijotes serán tantos como tantos lectores tenga el libro. A partir de Pierre Menard nadie puede leer un libro como lo hacía antes: debe ser consciente de que su creatividad aparecerá siempre y transformará el texto según el ingenio del lector.
Otro ejemplo es James Joyce, pero esta vez, desde la mera narrativa y donde la subjetividad se marca: Joyce nos da la certidumbre de que si uno no se aparta de lo personal, lo biográfico volverá sobre los escritos como una rémora, una “barnacle, esos pequeños moluscos que se adosan a la proa de los barcos”, afirma. Cuando James Joyce escribió en 1914 “Un triste caso”, tenía 32 años y era ya un reconocido escritor. La precisión con que enuncia cada detalle en el relato emociona hasta la admiración. James Duffy, el protagonista no puede ser mejor descripto: el lector lo ve, lo siente llegar hasta su casa en las afueras de Dublín. Todo lo acético de su personalidad, su vestimenta, el mobiliario de su casa, el espejito y la lámpara como únicos adornos de su cuarto, sus paseos por el parque, su obsesión por los olores y la pulcritud lo presentan temprano como un ser duro y de sentimientos escondidos. Una especie de reprimido que gustaba de los conciertos, de la teatralidad irlandesa, comía solo siempre en el mismo bodegón, frecuentaba el mismo Pub. Uno puede imaginarse cuando conoce a la madre y la hija en un teatro que entre él y la madre (a pesar que la hija se le aproximaba en edad), existirá una aproximación; que la mujer madura, sea la que le atrajera. Pero el final de la protagonista, después que él rechazara en una oportunidad sus caricias, es aterrador. Nadie puede suponer que se convierta en alcohólica, la arrolle un tren y que él se entere leyendo el diario después de cenar. La forma lacónica como describe el juicio, y las contradicciones en las que cae son exclusivas. Primero la odia porque al caer manchó el recuerdo de la impecable relación abruptamente interrumpida por esa caricia que lo atribulara. Y luego, evocando su vida con ella, emergen sus verdaderos sentimientos: es él un ser abominable. Como un espejismo perdurable y duplicado la figura de la dama, su recuerdo, se convierten en fantasmas de él mismo. Despreció a otra persona, se alejó del amor, de la vida, no se permitió sentir ni compartir. La caminata al lado del tren lo aturde, sin embargo se vuelve y siente copiosamente la soledad que lo condena. Y nos deja como corolario mucho más que la tristeza: al poner pie en la tierra firme de la evocación, nos lega la cobardía de quien no sabe escuchar la voz del otro, el egoísmo de quien sólo se ve a sí mismo, la certeza de que es en el otro donde edificamos la vida, suave y calma, pero intensa. Es que sólo com partiendo, o sea, partiendo con el otro las vivencias, las experiencias, los aconteceres, podremos alcanzar la felicidad y la paz que tanto necesitamos.
Posmodernidad
La forma de vida contemporánea es la posmodernidad. Este es un concepto que nace de englobar algo que nació como diáspora: el agotamiento de los valores de la modernidad. También hay quien considera a la modernidad un proyecto incompleto y a la posmodernidad el desafío de aceptar una nueva comunicación y la apertura hacia los conocimientos “en movimiento”.
La palabra moderno nace en el siglo V a fin de rescatar lo cristiano de lo romano. Otros escritores lo ubican en el Renacimiento aunque históricamente este concepto es demasiado reducido. El modernista romántico es aquel que inspirado por la ciencia moderna avanza hacia el progreso infinito del conocimiento y la mejoría social y moral. Sin embargo, esto no prevaleció como ideal fijo: en el siglo XIX el modernismo establece una oposición entre la tradición y el presente. Lo nuevo perecerá cuando llegue algo más nuevo.
En el terreno estético literario, asume el modernismo claros contornos en la obra de Baudelaire. Luego llegaron varios movimientos de vanguardia que se caracterizan con una rebeldía contra la norma y una cierta agresividad hacia la tradición. Ya Octavio Paz nos decía “Estamos experimentando el fin de la idea de arte moderno”.Dijimos que el posmodernismo aparece como reacción al modernismo: desde la poesía por ejemplo John Ashbery y mucho más sencilla aquella conversacional que surge como reacción a la poesía modernista. Aquellos estilos subversivos y polémicos del modernismo, el expresionismo abstracto, la poesía de Eliot y los ensayos y la narrativa de Joyce, Proust y Mann, en la generación del’60 fueron considerados el enemigo, lo asfixiante, lo que había que destruir. Es al modernismo superior, el que se diferenciaba de los estilos populares, al que reta el posmodernismo: en la música con el punk y el rock y en el cine con las producciones de Godard y en la literatura mezclando lo comercial, publicitario, o la llamada paraliteratura.Es que en el posmodernismo se desdibuja la división de la cultura superior y la popular. Este es el punto más perturbador desde un punto de vista académico y otro lo es en la filosofía. Por ejemplo ¿Hay que llamar a la obra de Michel Foucault filosofía, historia, teoría social o ciencia política? Está todo demasiado encimado, junto, compendiado. Lo interesante es sentir al posmodernismo como un concepto periodizador que tiene la función de correlacionar la emergencia de una nueva vida social, un nuevo orden económico, lo cual es llamado sociedad de consumo, los medios de comunicación, el espectáculo y el capitalismo multinacional. Y esto genera el nacimiento de un nuevo individuo: la identidad personal es una cosa del pasado. El artista ya no encontrará novedad en el mundo exterior, deberá volverse, como en la caverna de Platón, a encontrar imágenes mentales del mundo en sus paredes internas. Permitirse la intromisión en un diálogo privado, en la alternancia de las voces con la textura de la afectividad y el carácter y encontrar el estilo en este presente perpetuo que le toca vivir. En la producción del texto el autor incorpora a la mímesis y la memoria la experiencia del análisis. Un ejemplo: La biografía, un género en auge en nuestra época, se mueve en un terreno que incluye el testimonio, la novela, el relato histórico, el ajuste a una cronología y el tiempo narrativo, la interpretación de documentos, y la figuración de espacio donde sólo el yo puede intervenir, dice Leonor Arfuch. El público busca en ella una diferenciación de lo que ya conoce del personaje. El autor puede condicionarse con el dato histórico novelar la vida del personaje central con buena parte de subjetividad, o encontrarse a sí mismo con él. Paralelamente, la posmodernidad se instala como una realidad inexorable, un ideal ecológico que se sitúa en todos los niveles: no más gasto, consumo, representación sino regulación, templanza, solidaridad con los elementos del sistema. ¿Cómo vamos a convivir con semejante contradicción? ¡Cuidado! Ya no seremos seres alienados, ya no estaremos separados de los demás. Sólo seremos seres extasiados por la comunicación, seremos una terminal de múltiples redes. Eso sí, con la conciencia global de un conjunto. ¿Podrá así el posmodernismo mejorar el capitalismo de consumo? Esperemos.
Trabajo elaborado por la autora, en un Seminario dictado por la profesora Cristina Pizarro durante 2008 y leído en el XII Encuentro de Poetas, Narradores y Ensayistas de Gente de Letras- 2008- y en el VII Encuentro “La de las Siete Colinas” 2008, en Victoria, Entre Ríos.
Comentarios (5 comentarios)
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Te cursaré invitación
Cordialmente
Vilma Lilia
Ya tienes tu página y puedes organizar tu grupo sobre el tema que te interese o formar parte de grupos ya armados. Luego puedes invitar a todos aquellos que puedan aportar a esos grupos o a la red en general. También puedes invitar a los de tu familia...
Te sugiero, si no lo has hecho aún, leer en la columna central de la página principal "Algunas ideas para empezar", luego las frases de Alberdi y de Echeverría, en la columna de la izquierda y los tres artículos sobre la necesidad de una nueva cultura, en la columna de la derecha. (Todos son cortos). Me parece que allí encontrarás una breve explicación de lo que queremos hacer.