Como no podía ser de otra manera, esa costumbre de remunerar a los asalariados como si fueran animales no hizo otra cosa que convertir a la especie humana en otra especie animal.
Laurie Santos, profesora de psicología de la Universidad de Yale descubrió que varios de los sesgos y errores sistemáticos que están entre los causantes del mega-derrumbe de la economía y los mercados, pueden detectarse también en monos que comparten ancestros comunes con los seres humanos.
Santos se interesó en los monos capuchinos cuando terminó su carrera en Harvard y se fue a escribir la tesis en la isla de Cayo Santiago, Puerto Rico.
Los capuchinos están entre los animales más inteligentes del planeta: tienen un cerebro extremadamente grande, utilizan herramientas avanzadas y hasta fabrican en la selva su propio repelente natural para librarse de los mosquitos.
La psicóloga entrenó a 10 monos para realizar transacciones con monedas. "Descubrimos, con sorpresa, que los monos comparten muchos sesgos con los humanos", contó Santos por correo electrónico el martes pasado.

Los capuchinos tienen "aversión a perder" (un individuo -en este caso cuadrúpedo- prefiere no ganar 100 dólares antes que perder 100 dólares, lo cual supone una asimetría en la toma de decisiones); y "dependencia de un punto referencial" (evalúan opciones en relación a un punto de referencia arbitrario).
También, prosigue la académica, como los humanos, los monos
tienden a racionalizar ex post sus decisiones. Mientras que la economía tradicional postula que los agentes toman sus decisiones en base a sus preferencias, la psicología social demostró que a menudo el proceso es el contrario: la gente moldea sus preferencias para adaptarlas a las decisiones que tomó previamente.
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