Pensando Argentina - Bicentenario República Argentina

Pensar Argentina, sus orígenes, su identidad y su futuro.

Laureano Mones Cazon.

EL ARTE DE DIALOGAR (1). Con ocasión de la crisis argentina. Por Graciela M. Palau (2)

Detrás de la cortina de hierro, en el año 1970, un cardenal polaco, de enorme talla intelectual pero desconocido fuera del ámbito eclesiástico, presentaba ante un público de pensadores selectos su mayor obra filosófica, Persona y Acción. El lugar: la Universidad católica de Lublin (KUL) donde Karol Wojtyla, con su característica actitud de apertura al diálogo, daba lugar a un debate sobre su libro entre expertos intelectuales polacos. En la parte final de ese escrito el autor hace una descripción de los modos auténticos de participación social y explica el significado de la solidaridad humana, uno de los principios básicos de la organización social y política. La actualidad de ese análisis para el momento que atraviesa la Argentina se muestra paradigmática. Apliquemos esas luces a nuestra realidad para iluminar su comprensión.

Solidaridad significa, según Wojtyla, una disposición constante a aceptar y a realizar la parte que a uno le corresponde en la comunidad en función del bien común. La orientación hacia el bien común es la que posibilita a cada uno saber cuándo es necesario aceptar una proporción mayor de la responsabilidad y actuación que normalmente le corresponden. La actitud solidaria de un miembro de una comunidad se manifiesta, precisamente, en la disposición a complementar lo que hacen los demás. La actitud solidaria es una disposición espontánea a complementar al otro. Por eso, la solidaridad y la actitud que el autor denomina oposición constructiva no son intrínsecamente contradictorias. El opositor es solidario cuando no retira su disposición a actuar y trabajar por el bien común. Al contrario, el opositor es solidario porque quiere participar en su búsqueda.

La actitud de oposición auténtica se lanza a la participación social como consecuencia de una honda preocupación por el bien común. Por eso, concluye Wojtyla, el sistema social debe facilitar no sólo que la oposición constructiva se exprese a sí misma dentro del marco de la comunidad, sino también que actúe en beneficio de la comunidad. La búsqueda del bien común debe liberar y apoyar la actitud de solidaridad, pero nunca de forma que sofoque la oposición y se mantenga al margen de ella. Una actitud solidaria y de apertura a los aportes de la oposición es la que necesitamos los ciudadanos argentinos en las actuales circunstancias del país para afrontar esta etapa de nuestra historia. Es preciso un reconocimiento sincero de los aportes de todos los sectores y destacar los puntos de unidad que suelen ser mayores que las diferencias, para reconducir la gestión hacia la búsqueda del bien común.

En este contexto arroja luz la explicación que hace Wojtyla sobre el sentido del diálogo. El diálogo es una actitud que conduce a una forma adecuada de seleccionar y resaltar lo verdadero y lo bueno que surge en las situaciones controvertidas. Quien dialoga, intenta eliminar las actitudes y opiniones parciales, preconcebidas o subjetivas que son el origen de enfrentamientos y conflictos empobrecedores de la comunidad. Los titulares de los medios masivos de comunicación reflejan un reclamo social: la necesidad de diálogo para superar la crisis. La ciudadanía no quiere caer nuevamente en las actitudes que Wojtyla llama –con acierto- inauténticas: el conformismo y la evasión. Se refiere a un conformismo superficial o interesado que pretende evitarse problemas o buscar ventajas inmediatas. La evasión, como actitud social inauténtica, se produce cuando los miembros de una sociedad pierden interés en la participación y están ausentes de la vida social porque se les impide toda colaboración.

La democracia no se construye con dialécticas y enfrentamientos sino con el diálogo auténtico y la participación de todos. Los argentinos tenemos que aprender el arte de dialogar, fomentar una actitud de verdadero interés en comprender a los demás y escucharles. Diálogo es búsqueda del logos, de la verdad o de lo razonable entre dos que se escuchan y entienden.

Como es sabido, la crisis de los sistemas que pretendían ser la salvación del proletariado en los países comunistas, comenzaron con las protestas en Polonia en nombre del movimiento Solidaridad. Fueron justamente los trabajadores los que desautorizaron la ideología que pretendía ser su voz. En la apreciación de Wojtyla, como testigo de esos hechos, esos cambios se produjeron por una lucha pacífica, que empleó solamente las armas de la verdad y de la justicia. Una verdadera lección de la historia. Sin embargo, cegados a la realidad por el tejido de prejuicios ideológicos o por la ambición de venganza y de poder, esos regímenes consideraban que únicamente llevando hasta el extremo las confrontaciones sociales sería posible darles solución. La actitud confrontativa e impositiva es realmente incomprensible para el ciudadano común que vive en democracia. Pero, sobretodo, es una actitud que se mostró incapaz de diseñar y afrontar un proyecto de nación. Así como el ciudadano polaco se sentía obligado a aceptar una concepción de la realidad impuesta por la fuerza, el ciudadano de países americanos que está aprendiendo a vivir en democracia se resiste a aceptar un modelo de país impuesto y pide el diálogo, la paz social, la unidad y un proyecto de país que nos incluya a todos. En concreto, el ciudadano argentino es solidario y está acostumbrado a una movilidad social de la que se enorgullece y desea colaborar con el esfuerzo de su trabajo en un modelo de país productivo.

Tuvimos a comienzos del año 2008, la denominada lucha del campo –aunque esta expresión bélica de lucha no pareciera ser la más acertada para reflejarlo– tiene alguna semejanza con las luchas que han conducido a la caída de los regímenes del pasado. Son luchas, según afirma Juan Pablo II en Centesimus annus, que se caracterizaron por haber insistido tenazmente en intentar todas las vías de la negociación, del diálogo, del testimonio de la verdad, apelando a la conciencia del adversario y tratando de despertar en las autoridades el sentido común. Es el estilo de participación solidaria que colabora realmente en la construcción de una nación libre. Un ordenamiento democrático se basa en principios de solidaridad, en el esfuerzo del trabajo y en el ejercicio de la libertad. Exige reconocer íntegramente los derechos de la conciencia humana, escuchar al opositor del que se pueden obtener aportes para el bien común y reconocer los derechos de todos, sin distinción ni discriminación. La democracia es esencialmente apertura al diálogo con la oposición y en esa actitud, que no puede reducirse a mera apariencia, está el fundamento primario de todo ordenamiento político auténticamente libre.

El Estado tiene que crear las condiciones favorables al diálogo y a la libertad. No sólo para el libre ejercicio de la actividad económica. Es necesario que exista una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza, pero eso sólo no basta. El Estado tiene que asegurar también a todos los derechos básicos para llevar una vida digna, el acceso a una educación enriquecedora de lo humano y debe facilitar a todos el poder contribuir al crecimiento de la propia Nación. La reciente participación cívica en nuestra democracia hace nacer las esperanzas de un cambio en las estructuras políticas y sociales de nuestro país, gravadas por la hipoteca de una dolorosa serie de injusticias y rencores. Es necesario forjar actitudes que faciliten que los complejos problemas de la actualidad, se resuelvan por medio del diálogo y de la solidaridad, en vez de la lucha para destruir al adversario. La educación forjadora de actitudes tiene un papel preponderante en la conformación de esta cultura.

El desarrollo de una auténtica cultura del trabajo y del diálogo será lo que ayude a participar de manera plenamente humana en la vida social. Son necesarios los esfuerzos de todos los argentinos, los gobernantes y los legisladores, los de la ciudad y los del campo, los trabajadores de la industria y del comercio, los intelectuales, los educadores y los artistas… Todos tenemos que sumar para construir un futuro mejor, un orden social basado en el espíritu de trabajo esforzado, de colaboración y solidaridad.

(1) Artículo publicado en la revista PERSONA: cfr. www.personalismo.net, diciembre 2008.
(2) Autora del libro La autorrealización según el personalismo de K. Wojtyla. EDUCA, 2007.

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"...un "ir yendo" hacia algún lado, y esto parece no servir en un mundo que vive al día y pretende abolir el horizonte. Sin embargo, se está viendo que "no ir para ningún lado" y ser "libres como hoja al viento" no es necesariamente sinónimo de libertad, sino de ser, muchas veces, esclavos... del viento."

Fragmento de "Elogio del noviazgo" de Miguel Espeche

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Creada por Laureano Mones Cazon. Dic 3, 2011 at 4:21pm. Actualizada la última vez por Laureano Mones Cazon. Dic 3, 2011.

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