Había una vez, hace como 80 años, un rey a punto de perder su reino debido a que los pocos súbditos ambiciosos que le quedaban habían conseguido reclutar a los vulgares para que trabajaran para ellos y así hacerse más ricos que el mismísimo rey.
El rey preocupado convocó a las fuerzas del infierno y urdió un plan para mantener su reino.
Llamó a los ambiciosos y les dijo que él podía conseguir una pócima capaz de convertir a los vulgares en animales y así poder mantener por siempre sus propiedades. Y el rey también sería rico y reinaría por siempre.
Los ambiciosos aceptaron y entregaron sus triezmos al rey, que no eran otra cosa que lo que no les pagarían a las ovejas.
Los vulgares fueron transformados en corderos, y sus líderes fueron transformados en perros a quienes se les hacía creer que las ovejas estaban amenazadas por unos arbustos que abundaban en el lugar.
De manera que los perros, de tanto ladrar los arbustos olvidaron que las ovejas en realidad eran personas bajo un maleficio.

Sin embargo, uno de los vulgares llamado Adarsha resistió al maleficio y se escondió para poder atestiguar sobre ello a quienes se lo solicitaran.
Y también se escondió para convencer a los perros que dejen de ladrar arbustos y que vayan a despedazar al rey, única manera de lograr que el maleficio se rompa y las ovejas y los perros vuelvan a ser personas.
El rey sospechaba que el testigo existía pero no sabía cómo neutralizarlo.
Un dia el rey fue con los perros a buscar el testigo para matarlo y como los perros todavía no entendían lo que pasaba, logró asesinarlo.
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Proyecto Actitud
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