Pensando Argentina - Bicentenario República Argentina

Pensar Argentina, sus orígenes, su identidad y su futuro.

Festejos con bandera tricolor. Por Néstor Tirri

Italia celebra mañana los 150 años de su unificación política

 

"Salvo sorprese dell'ultima ora, la festa si farà ." La noticia, tan clara en italiano que no necesita traducción, fue publicada hace exactamente un mes. La advertencia acerca de eventuales "sorpresas" obedece a que hasta entonces no había resolución oficial para celebrar, mañana y por única vez, nada menos que la unidad de Italia. Suena raro, pero lo cierto es que la idea de la celebración, en la Península, encontró resistencia en algunos sectores. Las diferencias, finalmente, fueron zanjadas: mañana, 17 de marzo, será feriado en ese país y habrá festejos por los 150 años de la proclamación del Reino de Italia. La ley que puso en marcha al entonces flamante Estado fue aprobada en 1861 por el Nuevo Parlamento de Turín, que ungió como monarca a Vittorio Emanuele II y estableció la capital en esa misma ciudad del Piamonte.

Era el nacimiento de una nación unificada, aunque todavía quedaban dos regiones, la del Veneto y la del Lacio. La primera se reunió a Italia en 1866 y la segunda en 1870, cuando las tropas italianas ingresaron en la Ciudad Eterna por la brecha de Porta Pía. El poder pontificio se redujo a la Ciudad del Vaticano y Roma fue proclamada capital de Italia.

En la medida en que el Día Nacional de Italia se celebra el 2 de junio (día de la proclamación de la República, en 1946), en los últimos meses se produjeron encontronazos acerca de si se debía considerar a esta otra fecha (la de mañana) como festa nazionale o no. Discusiones un tanto bizantinas, porque en la práctica la gente ya estaba celebrando espontáneamente el acontecimiento. En Turín, el evento Esperienza Italia hace semanas que está convocando a conciertos, exposiciones y paseos gratuitos en el tranvía histórico turinés y "viajes" en el ascensor de la célebre Mole Antonelliana, el sofisticado edificio que hasta los años cincuenta fue el más alto de Europa. Otra celebración que se anticipó a la sanción del decreto oficial se instaló en el popularísimo Festival de la Canción de San Remo, en Liguria. Entre otras manifestaciones, Roberto Benigni desarrolló allí un show patriótico de una hora con una exégesis del Himno de Mameli (el himno patrio), que fue visto por más de 19 millones de personas.

Este sesquicentenario se conmemora poco después de que la Argentina celebrara su propia gesta patria en el marco del Bicentenario, y sorprende que una nación joven como la nuestra detente más antigüedad que la de Italia, nada menos: baste recordar que sus ancestros romanos cimentaron la civilización y la organización jurídico-institucional de Occidente. El décalage se explica por el hecho de que, si bien la lengua y la cultura italianas ostentaban una secular tradición, fue necesario un gran esfuerzo histórico (las luchas y el movimiento del siglo XIX conocidos como Il Risorgimento ) para lograr la unificación de ducados y reinos dispersos o dominados por imperios extranjeros, bajo un mismo y único "Reino de Italia".

Que la celebración de una fiesta nacional de un país europeo se convierta en punto de mira en un órgano periodístico argentino no sólo responde a las llamativas discusiones de la actualidad; existen, además, profundas razones históricas que vinculan a ese país con el nuestro.

Lo actual surge de esa rara circunstancia de que la iniciativa de festejar "la unidad" haya generado, paradójicamente, una división de opiniones en un momento en el cual el país venía viviendo fuertes sacudones mediáticos por cuestiones que iban más allá de lo político y rozaban lo institucional. Invocar lo patriótico en tales circunstancias constituía un oportuno motivo de confluencia nacional. Las divisiones, sin embargo, existen: una parte del electorado del Norte, representado por la Lega Nord, piensa que la unificación acabó beneficiando al Sur, supuestamente improductivo y gastador. Al principio, apuntó nada menos que al separatismo. Ahora la Lega, que es parte del gobierno nacional, se limita a reivindicar un federalismo fiscal que se está transformando en ley. Según el juego de la política, podría prevalecer la impresión de un país dividido; no es así, y lo demuestran todas las encuestas y la vasta adhesión que recibe la posición unitaria del presidente de la República, Giorgio Napolitano.

El otro interés por esta celebración, más genérico y de raigambre cultural-antropológica, se funda en el vínculo histórico que une a la Argentina con Italia y que inviste un carácter de excepción: los vasos comunicantes entre ambos países -me arriesgo a barruntarlo- son difícilmente comparables a las interrelaciones de otros países del planeta. La unificación del Reino de Italia de 1861 impuso la hegemonía de la Casa Saboya con Vittorio Emanuele II, quien hasta ese momento era cabeza del Reino de Cerdeña. Pues bien, ya en 1855, siendo todavía rey de Cerdeña, Vittorio Emanuele II suscribió un Trattato di amicizia, Commercio e Navigazione con la recién nacida Confederación Argentina. Después, a fines del siglo XIX e impulsada por el denominado Proyecto del 80, sobrevino la inmigración de italianos que provenían de distintas regiones de la Península, predominantemente del Meridione (el Sur). El censo realizado en la Argentina en 1914 reveló que más del 30 por ciento de los habitantes eran inmigrantes, con mayoría italiana. Entre 1880 y 1924, vinieron a la Argentina más de tres millones de italianos.

Así fue que en 1924 Italia decidió jerarquizar su representación diplomática en nuestro país y le confirió el rango de ambasciata, para exaltar el rango prioritario que había adquirido la Argentina. La medida coincidió con la llegada del príncipe heredero Umberto, recibido por el entonces presidente Marcelo T. de Alvear. Según Ludovico Incisa di Camerana, historiador y ex embajador italiano en la Argentina, "la transformación de la «legación» en embajada y la visita del príncipe heredero en 1924 revelan un viraje en la política exterior italiana hacia América latina".

Un claro gesto de reconocimiento de autoridades argentinas hacia la dinastía de los Saboya había sido, años antes, el cambio de denominación de la histórica Calle Ancha, en el barrio antiguo de la ciudad (San Telmo): por iniciativa de las distintas colectividades de italianos afincados en suelo porteño, en 1900 el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires la llamó definitivamente Humberto Primo, en homenaje al rey de Italia, sucesor de Vittorio Emanuele II, que acababa de ser asesinado.

En un salto a tiempos recientes, apuntemos que una década atrás el recordado periodista Enzo Biagi, columnista del Corriere della Sera, en otro síntoma de acercamiento, celebró con nosotros sus 80 años de vida en la redacción de La Nacion. Diez años después, desde este espacio de opinión de un diario fundado por un seguidor de Giuseppe Mazzini (modelo de político-periodista al que Bartolomé Mitre, traductor de La divina comedia, del Dante, admiró), los argentinos, especialmente los que descendemos de italianos, saludamos a los ciudadanos de la Península en el día de su celebración.

Cuando se sancionó el decreto de los festejos, Beppe Severgnini salió al ruedo a ironizar sobre los trasnochados disconformes. Severgnini, uno de esos columnistas a quien hay que envidiarle el manejo del humor para decir cosas serias, invocó a otro notable periodista del pasado, Indro Montanelli, quien sostenía que a Humberto Bossi (Lega Nord) había que levantarle monumentos al lado de los de Garibaldi por su condición de "patriota involuntario": exaltando la inexistente Padania, decía, obligó a reflexionar sobre la Italia existente.

"Nuestro tribalismo es tan radical que, para ponernos de acuerdo sobre algo, necesitamos encontrar un adversario", sostiene ahora Severgnini, y señala que la oposición a los festejos, sin querer, movilizó el deseo popular para sacudir la burocracia de los pomposos comités de organización, "y así el 17 de marzo se encaminó a ser una verdadera fiesta, nueva y sentida".

Se necesitaba, en efecto, una inyección de entusiasmo y de identidad nacional. Y no deja de asombrar que, aun antes del decreto oficial, un movilizador de esa energía haya sido el Festival de San Remo, con una velada íntegramente dedicada a L'Unitàd'Italia, noche en la que abundaron canciones alusivas y, sobre todo, la irrupción de Roberto Benigni: el actor y director entró a la sala del Five Millions Club a caballo, agitando la bandera tricolor, y gritando: " ¡Viva l'Italia! ".

Después cantó a capella partes del himno de Mameli, interpolando sus propias paráfrasis de la letra, como ya había hecho con la Divina commedia : "En seis estrofas -aseguró rotundamente el actor- Mameli unifica la historia de una Italia hasta entonces dividida".

Al día siguiente, en declaraciones a la prensa, Benigni ensayó una admirable síntesis de una cultura y una civilidad: "Primero viene Dante y, siglos después, Cavour. Primero la lengua, después la Nación. Es la extraordinaria belleza de nuestros artistas y de nuestro país lo que nos une. ¿No es maravilloso el pasaje de Dante en el cual Beatrice aparece vestida con los tres colores que serán los mismos de la bandera italiana?".

© La Nacion  Miércoles 16 de marzo de 2011

Link:    http://www.lanacion.com.ar/1357768-festejos-con-bandera-tricolor

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Creada por Laureano Mones Cazon. Dic 3, 2011 at 4:21pm. Actualizada la última vez por Laureano Mones Cazon. Dic 3, 2011.

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