Proyecto CUDES Bicentenario
“La Argentina y su laberinto”
PEDRO LUIS BARCIA
“Identidad y valores de la cultura Argentina”
En estos momentos en los que estamos haciendo una revisión de nuestra identidad, que será cada cien años, pero la hacemos, doscientos años pero la hacemos, otros la hacemos todos los días, pera ya que estamos moviéndonos y el CUDES esta haciendo algo en función de esta preocupación bicentenaria, es importante que tendamos a ser intelectuales y no proselectuales, a leer la entraña de la realidad. Esto es lo primero que nos enseño el primer intelectual que visito Europa y que se hizo allá de teorías que aplico a la realidad argentina, hay que tener un ojo clavado en la realidad y otro en la teoría, ¿Quién es? Esteban Echeverria.
Vamos a hablar de identidad, palabra latina que viene de dos palabras eaden entis, es decir la misma entidad, la entidad, el ser que se mantiene igual, identidad es que hay una cierta continuidad del ser en el tiempo. La identidad no es fácil a veces de detectar, hay identidades personales, familiares, corporativas, nacionales, regionales depende de cada caso.
Uno de los refranes preferidos míos es “el pez no sabe lo que es el agua” y es cierto, usted vive en el medio de lo que es una realidad y no advierte como es realmente esa realidad si no sale de ella. La única manera de conocerse a si mismo es conocer al prójimo, por eso el cristianismo es projiniante, lo pone a usted en trato con el prójimo porque tratando con otro usted se conoce mejor a si mismo. Hay una frase que dijeron todos los buenos intelectuales del país cuando fueron a Paris, “cuando estuve en Paris vi mi país” no porque hablaran en verso sino porque cuando salen de la realidad en que están y conocen otra tienen la perspectiva de cual es aquella realidad en que estaban, es decir tienen el ojo comparativo, la pupila que le permite ahora a ellos ver la realidad. La conciencia de la identidad se hace cuando se cierra lo que en un proceso cultural se llama dialogo de cultura, cuando podemos dialogar abiertamente con otras culturas y de esta manera entonces practicamos la tolerancia, el dialogo del cual tanto se habla hoy es una de las tareas mas humanizantes y menos practicadas en realidad de la sociedad argentina, en nuestro país hay consulta, pero no hay dialogo. El dialogo obliga a la tolerancia activa a comprender al otro a soportarse a si mismo en la reacción, al autodominio, al poder esforzarse en comprender otro punto de vista y todo esto va acercando, flexibilizando a la gente y la humaniza.
La importancia de la identidad de un país, en una persona es definitoria. Hay dos tesis fundamentales en esto, dos tesis contrarias. Una de ellas plantea que no existe la identidad de las naciones, no existe la identidad cultural, la otra teoría plantea que si existe. Dejemos de lado la bibliografía que plantea que no existe la identidad cultural, ya que de ese modo no tiene sentido esta conferencia.
Veamos entonces si el mito de que existe una identidad cultural, el mito que plantea que existen diferencias entre una nación y otra existe realmente.
Tenemos una primera propuesta que es que la identidad nacional no existe, dejémosla de lado. La identidad nacional existe, existe desde siempre, usted llega al mundo y en él ya hay presente una identidad nacional, es decir usted seria un heredero de lo que ya esta conformado y no le queda otra que aceptar eso de una manera casi pasiva, esta concepción estática de la realidad nacional no es acertada desde mi punto de vista.
Otra concepción contraria plantea que la realidad es un constructo como dicen los sociólogos, es algo que se va edificando a través del tiempo. Ante las dos concepciones yo opino que ni lo uno ni lo otro.
La cuestión es esta, hay una base identitaria en toda nación que tiene cierta organicidad pero esa base es la que permite cambio a través del tiempo, no queda intocable, inmutable. La tradición cultural de un pueblo tiene que ser un trampolín para ir más allá.
Hay otra postura frente a la identidad, hay toda una posición culturalista que plantea que no se puede tocar nada dentro de la tradición argentina y que hay que respetarla y esto va al muere si no se tiene en cuenta la vitalidad, si la misma no se renueva al menos en lo cotidiano. Debe haber una renovación sobre una base permanente.
No debe pensarse que esta base es intangible, digamos no se puede tocar y no es así. Nuestro país ha sido muy poroso, muy abierto, el hecho mismo del estuario hace que estemos abiertos al mundo y nos ha hecho apetentes de otras realidades. Pero frente a esto ultimo se abren dos posibilidades en esto de la identidad cultural, absorber de lo extranjero y aprovecharlo o bien absorber y repetirlo. Dentro de America, nuestro país es uno de los que mejor ha elaborado la herencia cultural, fíjense que la identidad argentina se hace con aporte muy grande de culturas europeas y asiáticas. En 1932 Borges anuncio algo que era clarísimo, “toda la cultura europea, es herencia nuestra”, ya en 1955 dice “toda la cultura universal es nuestra herencia”, entonces el hombre se sitúa en un ángulo austral perdido en el mundo, absorbe todo aquello y produce una obra que influye en todo el mundo. No importa entonces la posición que se tenga en este mundo, sino la actitud que se tiene en él.
En esta apertura al mundo que nos ha caracterizado como argentinos la facultad que debemos tener es la asimilación, hacerlo similar a uno. El riesgo que corre la cultura argentina es estar expuesta al trasplante y no al cultivo, muchas cosas trasplantamos de afuera, pero cultivamos pocas. El cultivo de lo propio es lo que hace la grandeza de una cultura.
Nosotros en nuestra cultura argentina hemos padecido reducciones bastante notables y lamentables. Una primera reducción es reducir lo argentino a lo porteño, se define lo argentino por lo porteño, se olvida completamente el país interior y por lo tanto esta primera oposición que se da entre el hombre del interior y el hombre del puerto no es considerado, esto nos ha afectado siempre.
Segunda reducción: reducir el país a lo pampeano, lamentable, es lamentable que el país crea que es solo la pampa. Lo hizo el mismo Sarmiento. Hay un apampamiento, una perdida en una bastedad, el hombre se queda apampado o bien la otra cosa, volver hacia adentro y tomar cierta dimensión metafísica que es lo que muchos autores han señalado que el argentino tiene, todo argentino tiene un metafísico adentro, algunos mas manifiesto que otros pero lo tiene, esto quiere decir que puede mirar por potencia, no por acto mas allá de si mismo. Entonces en esta situación por la preocupación por la identidad nacional hemos producido el mayor caudal de ensayos de la literatura Hispanoamérica sobre la identidad nacional, reflexionar sobre que somos. ¿Porque nos preocupamos tanto por autodefinirnos?, puede ser por inseguridad, por ignorancia o aun por narcisismo. Es importante que esta primera andanada de estudios que llegan a nosotros sea analizada correcta y globalmente.
Dice Echeverria, en el año 1847, “…mientras miramos la realidad con frivolidad sin aplicación atenta a ello, es decir no inteligimos la realidad nos quedamos en la costra, por eso olvidamos fácilmente lo vivido y no generamos experiencia cayendo nuevamente en los mismos errores, andamos como mulas girando en circulo vicioso y nunca salimos del atolladero. No atesoramos lo alcanzado con esfuerzo, toda nuestra labor intelectual se ha gastado inútilmente y no tenemos ni en política ni en literatura, ni en ciencia nada que nos pertenezca. Los argentinos tenemos falta de buena fe y de responsable incuria de nuestros pensadores y escritores, quienes deben llevar el ido tradicional de ideas progresivas ante nosotros, progresivas en el sentido de desarrollar con progreso las propias ideas…”
Sigue Echeverria “…sin trabajo no hay rodeos al fin que nos proponemos…” la cultura del esfuerzo no existe, la hemos ido matando todo es facilismo y es cuesta abajo. El argentino prefiere la óptica de la facilidad y del dejarse ir y no la de la escalera cuesta arriba y andinismo, esto es lo que señala el autor. Otra cosa la versatilidad de nuestro carácter que nos lleva siempre a buscar lo nuevo y extasiarlo con la admiración olvidando lo conocido, somos neofílicos, el país mas neofílico de Latinoamérica es el nuestro. Lo que dice esta expresión del dejarse ir de no retomar el esfuerzo es que no hay cultura de aplicación, aquí hay cinco rasgos que ha señalado Echeverria en 1849 que ha planteado rasgos de la índole propia del argentino.
Dice la UNESCO, “…la afirmación de la identidad cultural es la realización de un acto liberador, un arma de combate al servicio de la independencia afectiva, y un instrumento privilegiado para lograr el pleno desarrollo de los individuos del progreso armonioso de la sociedad. Constituye además la creación básica, para la creación de un nuevo orden mundial basado en el derecho imprescindible de los pueblos a disponer de si mismo y al reconocimiento de la igualdad absoluta y la dignidad de todas las culturas, el respeto a la propia cultura…”
Hay una gran ignorancia de la cultura argentina, las cátedras de Historia de la cultura argentina desaparecieron de la universidad y del secundario que permitían acentuar el sentido de permanencia. Por eso urge reimplantar este aspecto.
Valores y desvalores que caracterizan a los argentinos: no es fácil uniformar en que todos los argentinos tienen estos rasgos, por supuesto esto es obvio. Segundo hay que hacer una clara distinción entre lo que es porteño neto y lo que es del interior, y más aun entre las distintas zonas del interior. En tercer lugar hay otra diferencia que es los hombres superficiales, de los hombres profundos, por lo que se notaran distintos rasgos algunos de los cuales son de la superficialidad y otros de la profundidad.
Entre las primeras realidades a destacar esta la insatisfacción, los argentinos tenemos incorporado el descontento, criticamos demasiado. Tenemos cierta tendencia mas que nostálgica, cometemos un pecado que es la asedia, que consiste en el malestar permanente, no tenemos derecho a ser tristes con la felicidad que la vida nos da. Esta asedia nos lleva a la desgracia de llorar sobre el llanto, teniéndonos piedad de nosotros mismos.
Esto tiene un lado positivo, no nos achanchamos, porque al estar insatisfecho vamos siempre por mas.
La plasticidad, los argentinos tenemos una gran capacidad plástica para adecuarnos a situaciones, esta actitud lleva a que estemos en cambio permanente.
Tercera, la percepción rápida el despabilamiento, mas que nada los porteños se caracterizan por la respuesta rápida, los del interior tienen dos tiempos pero tienen también percepción rápida. Lo negativo de esto es la gran confianza que ponemos en la improvisación. Lo atamos todo con alambre, cuando esto se hace modelo de vida perdimos, la improvisación es apta para salir de emergencias pero no como sistema de vida.
Lo que si es todo desvalor, no tiene nada positivo es la suficiencia, los argentinos tenemos una magnifica idea de nosotros mismos.
El argentino, mas que nada el porteño tiene tono asertivo, no duda. Uno tiene que dudar frente a la realidad, no dudar siempre sino tomar distancia y repreguntarse acerca de la realidad. Los argentinos ya no tenemos ejercicio de la pregunta.
Un valor absoluto de los argentinos es la hospitalidad, todos los viajeros que viajan por el interior del país y se instalan en Buenos Aires dicen que hospitalarios los argentinos, somos hombres y mujeres abiertos para recibir a todo el mundo. Esto es un rasgo positivo que hemos tenido y mantenemos. El único lugar del país donde no hay hospitalidad es en la Patagonia, si uno no es nacido y criado allí no puede entrar en la intimidad de la familia.
Los argentinos somos egotistas, en el sentido estricto de la palabra, que es aquel que necesita hablar de si a propósito de cualquier cosa. El argentino pasa siempre por su experiencia, por su propia reflexión en aquello que tiene que considerar. Somos mas ideólogos que realistas.
Tenemos también una tendencia al triunfalismo, esto es un mal ya que si bien festejamos los triunfos, necesitamos siempre tener un triunfador. Y cuando nos va mal siempre tendemos a buscar la culpa en otro, tenemos una tendencia a no asumir la responsabilidad. Esto de buscar en otro la responsabilidad de uno, es una manifestación de la adolescencia mental que los argentinos mostramos en muchísimos planos.
Tenemos susceptibilidad frente a la crítica, somos engañosos, parecería que no nos pueden criticar.
Somos, y cada vez mas, anómicos. No respetamos nada
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