Pensando Argentina - Bicentenario República Argentina
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CONCIERTO DEL CUARTETO DE CUERDAS DE LA SCALA DE MILAN: INTEGRADO POR FRANCESCO MANARA Y DANIELE PASCOLETTI (VIOLINES); SIMONIDE BRACONI (VIOLA), Y MASSIMO POLIDORI (CHELO); JUNTO AL PIANISTA PAOLO RESTANI / PROGRAMA: CESAR FRANCK: QUINTETO CON PIANO EN FA MENOR; JOHANNES BRAHMS: QUINTETO CON PIANO EN FA MENOR, OP. 34 / SALA: TEATRO COLISEO (ABONO DE NUOVA HARMONIA)
Francesco Manara, Daniele Pascoletti, Simonide Braconi, Massimo Polidori -los integrantes del Cuarteto de la Scala de Milán- y el pianista Paolo Restani avanzaron al centro del escenario luciendo camisas, pantalones y zapatos negros. Pero apenas comenzaron a tocar, a pura metafóra, se encendieron todos los colores. Si bien no es para nada pequeño el aporte de Cesar Franck, los cinco músicos italianos ofrecieron una interpretación del Quinteto con piano en Fa menor realmente luminosa, bien ensamblada y con mucho arte.
Franck pertenece al grupo de los compositores cuyos apellidos y algunas obras son más conocidos que su estética o sus búsquedas. En todo caso, este quinteto es un producto admirable de las búsquedas que en Francia tenían lugar después de la infortunada derrota en la Guerra Franco-Prusiana, que motivó el apartamiento voluntario por parte de los compositores franceses de los moldes discursivos y las sonoridades características del detestado romanticismo alemán. En ese contexto, este quinteto es admirable en el ocultamiento de las muy wagnerianas armonías cromáticas, que están magistralmente utilizadas, casi de modo abusivo, dentro de un envoltorio de exquisito y misterioso romanticismo francés, ni doloroso ni trágico. De principio a fin, Franck, belga de nacimiento pero francés por historia y trayectoria, prescinde de sonidos compactos o de las típicas densidades alemanas y juega, en el mejor de los sentidos, con texturas cambiantes y construyendo combinaciones camarísticas tan variadas como admirables. En esta obra hay zigzagueos constantes, se evitan situaciones concretas o previsibles, aparecen diálogos y conversaciones sutiles y el trayecto incluye situaciones de oscuridad, luces y misterios, elementos todos que prenuncian algunas de las peculiaridades del impresionismo por venir.
Frente a esta partitura, el Cuarteto de la Scala y Paolo Restani brindaron una interpretación impecable, ajustada a una idea central claramente expuesta y plenamente compartible. Hubo equilibrio, justeza, balances bien logrados y una sonoridad general más que atractiva. Tan sólo por elogiar a un instrumentista que, habitualmente, pareciera estar sólo para permitir el lucimiento ajeno, nos parece absolutamente justo destacar la tarea de Simonide Braconi, un fantástico violista. Su sonido, su afinación y la intensidad emocional son merecedores, insistimos, de una alabanza especial.
Otro quintetoNo pudo mantenerse el mismo nivel de arte, eficiencia y precisión con el Quinteto con piano en Fa menor de Brahms, ciertamente más conocido que el de Franck. Si el quinteto del belga es, a su modo, una obra para intercambio de ideas en algún pie de igualdad, el de Brahms es una obra cuasi orquestal que exige otra actitud y otra disposición. La suma de piano y cuerdas debe hacerse con atención a otro tipo de equilibrios y exactitudes, siempre atendiendo a la poesía y las pasiones de Brahms. Si bien mayormente todo salió muy bien, también asomaron algunos sonidos desmesurados por parte del piano y alguna que otra imprecisión, sobre todo en el último movimiento.
Hubo muchos aplausos y mucha emoción. Dos maravillosos quintetos con piano románticos habían deleitado al público. Para ampliar un poco más el panorama de este muy especial tipo de ensambles, fuera de programa, los músicos italianos tocaron el Scherzo del Quinteto con piano en La mayor, de Dvorak. Y las sonrisas brotaron en el Coliseo y no faltaban razones ni justificativos. El comienzo del abono de Nuova Harmonia había sido muy romántico, muy placentero y muy bien recibido.
Pablo Kohan - Jueves 28 de abril de 2011
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"...un "ir yendo" hacia algún lado, y esto parece no servir en un mundo que vive al día y pretende abolir el horizonte. Sin embargo, se está viendo que "no ir para ningún lado" y ser "libres como hoja al viento" no es necesariamente sinónimo de libertad, sino de ser, muchas veces, esclavos... del viento."
Fragmento de "Elogio del noviazgo" de Miguel Espeche
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ContinuarCreada por Laureano Mones Cazon. Dic 3, 2011 at 4:21pm. Actualizada la última vez por Laureano Mones Cazon. Dic 3, 2011.
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