La propuesta que la unión que vivan las personas de mismo sexo que se denomime: “unión familiar” pero no matrimonio, se basa en no atentar contra el derecho de los heterosexuales a que la unión que viven en el matrimonio no sea tergiversada.
Dado que el Derecho es el arte y la ciencia de la justicia, del dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde. Para lograrlo trata igual a lo que es igual, y trata de modo diverso a lo que es distinto.
Nadie tiene derecho a que una entidad no bancaria sea considerada un banco. Nadie tiene derecho a que una entidad no universitaria sea considerada una universidad. Se perjudica gravemente a los bancos, o a las universidades, cuando se les confiere su estatuto a algo que no lo es. Y se perjudica gravemente a la sociedad cuando esto ocurre, porque hay instituciones que, por su importancia en la conformación social, tienen una regulación por el Derecho que las distingue, constituye y protege, a la vez que protege a todos los demás miembros de la sociedad.
Del mismo modo, nadie tiene derecho a que una unión no matrimonial sea considerada matrimonio. No se comete una injusticia al negar que sea un matrimonio a una realidad que no lo es. No se agravia la igualdad cuando se diferencia lo distinto.
Determinadas instituciones sociales importan, e importan mucho. Son el soporte del entramado social. El matrimonio, conformado por un varón y una mujer, y la familia que generan se encuentran a la cabeza de dichas instituciones, como prueba su tutela constitucional y su tutela por los tratados internacionales. Cambiarles radicalmente su estructura, composición y finalidades tiene consecuencias: no es una acción inocua, sin daños. Por el contrario, genera enormes perjuicios a las personas y a la sociedad.
De considerar matrimonio a aquello que no lo es, ni lo puede ser, se derivan multitud de absurdos e injusticias. Dentro de esas injusticias se encuentra la injusticia con los matrimonios, que verían que se trata igual a lo distinto, y encontrarían inundado su ámbito propio por uniones no matrimoniales. Se haría injusticia a los menores, que no eligen la familia que los acogerá, y deberían resignar su interés superior para crecer con parejas del mismo sexo, dificultándose o entorpeciéndose gravemente su desarrollo integral. Se haría un serio perjuicio a la sociedad, por desnaturalizar totalmente su célula básica, que es la familia.
"...un "ir yendo" hacia algún lado, y esto parece no servir en un mundo que vive al día y pretende abolir el horizonte. Sin embargo, se está viendo que "no ir para ningún lado" y ser "libres como hoja al viento" no es necesariamente sinónimo de libertad, sino de ser, muchas veces, esclavos... del viento."
Fragmento de "Elogio del noviazgo" de Miguel Espeche
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