Pensando Argentina - Bicentenario República Argentina

Pensar Argentina, sus orígenes, su identidad y su futuro.

LA INGENIERÍA Y LA SOCIEDAD





Las personas más valiosas para la sociedad son quienes producen más consumiendo menos, quienes más hacen y menos necesitan.

Consecuentemente, cuando las relaciones laborales remuneran sólo en la
medida de la necesidad, es decir en función del costo y no del valor
producto, resulta que las personas más valiosas son quienes más aportan a
la sociedad.

Dicho en otras palabras, las personas menos valiosas son privilegiadas por la sociedad pues tienen menos responsabilidades.

Ello no sería tan peligroso si la justificación para dicha paradoja no
fuera una indefinida y voluntarista alusión a "los derechos del hombre" o
a "la solidaridad social".

No es aconsejable que la injusticia sea un derecho humano.

Así, no debe sorprendernos que la degradación social vaya en aumento,
pues hasta los bienintencionados insisten con más "derechos" y más
"solidaridad", profundizando aún más esas equivocadas relaciones
laborales.



Ahora bien, ¿cuál es el valor producto de lo que hace un asalariado?

Es sabido que la frontera inferior para la tasación de un bien es su
costo de fabricación, pero cuando se ofrece al mercado, la demanda nos
hace encontrar el precio real.

Si logramos un método para calcular el precio real del trabajo humano, podría ser usado como herramienta de la doctrina social.

Haciendo un análisis pormenorizado de la doctrina social vigente en la
mayoría de los países, si bien tiene aspectos positivos relacionados con
la discriminación y las dictaduras, se puede descubrir que esconde 4
aspectos que la transforman en un veneno más que en un remedio.
Especialmente en lo que hace a la legislación laboral



1. Exige que previamente a que un sistema económico social funcione, sea
imprescindible "mejorar" al ser humano, cosa que inmoviliza
profundamente, porque habría que esperar décadas, si es que fuera
posible “mejorar” a todos las personas que intervienen en la economía.

2. Mientras tanto, impulsa la "solidaridad obligatoria por ley" Los
emprendedores y asalariados más esforzados, son obligados a ser
solidarios con los emprendedores y asalariados menos esforzados. Produce
abatimiento y haraganería.

3. Además instala la falsa convicción de que la economía suma cero, es
decir que lo que se dé a uno, se le debe quitar a otro. No es cierto. La
economía es el arte de hacer que todos y cada uno de los integrantes de
la sociedad produzca más que lo que consuma.

4. Y especialmente aconseja cubrir "todas" las necesidades de los
asalariados. Traducido esto significa que se le pague sólo por lo que
necesite y no por lo que haga. Es lo más negativo de la actual doctrina
social, dado que en lugar de incentivar, abate.





EL PLUSVALÍMETRO



Hoy es posible conocer exactamente el valor del trabajo de cada uno
mediante una especie de plusvalímetro. Y también es posible conocer el
valor del "trabajo" del capital.

Podría ser comparable a la brújula para los navegantes medievales.

Para salir de una tormenta, necesitamos un instrumento que nos oriente hacia buen puerto, o navegaremos sin rumbo hasta el fin.

El instrumento se vale de las siguientes premisas para determinar el valor del trabajo de ambos generadores de excedentes:



1- Producción de equilibrio

Un emprendimiento que no logra ganancias pero que tampoco sufre pérdidas, consigue pagar exactamente los costos, que son tres:

* materias primas

* sueldos del personal propio y de terceros, y

*"sueldo" del capital: Interés, amortización mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.



2- Producción de excedentes

Pero si el mismo capital y el mismo personal de la empresa lograsen
producir por ejemplo, el doble, el emprendedor facturaría el doble, y
entonces podría pagar el doble de materias primas (como necesitará) pero
con el sobrante podría pagar el doble al personal y al capital.

Estos dos últimos montos excedentes son "la ganancia de la empresa", no
sólo de su dueño. Podríamos decir que son las plusvalías del capital y
del personal de la empresa.

Además, si el capital y el personal produjeron el doble, deviene justo
que cobren el doble de lo que les costó producir la producción de
equilibrio, es decir el doble de sus propios costos.

Cuando la empresa logra ganancias, éstas corresponden a un rendimiento
mayor que lo esperado, tanto para el capital, como para el personal.



3- Plusvalías de capital y trabajo

El plus de rendimiento es entonces el mismo para ambos congéneres. Es
decir que los beneficios empresarios deben adjudicarse proporcionalmente
a la potencialidad de ambos, las cuales, a su vez, están determinadas
por sus costos.

Sabiendo que la relación de costos es igual a la relación de
potencialidades entre capital y trabajo, podemos relacionar el costo del
personal respecto del "sueldo" total de la empresa (personal más
capital) y de allí surge una alícuota asimilable a la del Impuesto al
Beneficio Empresario, pero interna, distinta, especial para cada empresa
y menor que la actual.

Ése es el porcentaje sobre los beneficios empresarios que le corresponde al personal.

Como es imposible que el beneficio empresario pueda ser cargado con dos
“participaciones”, encontramos que el impuesto al beneficio empresario
termina siendo una confiscación al personal de la empresa y no a su
dueño. La participación del Estado en los beneficios de todos los
emprendimientos es inconveniente para la economía.



El software que se presenta en este trabajo, el Plusvalímetro, realiza
primero la valuación del capital de la empresa, de todos sus bienes de
uso, y calcula el costo anual del mismo, como resultado de la suma de
amortización, interés, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.

Luego calcula el costo del personal propio y de terceros, el cual
comparado con el costo del capital determina las potencialidades
relativas del emprendimiento.

Calcula el punto de equilibrio, y determina qué parte del Impuesto al Beneficio Empresario es plusvalía del personal



El Estado podría entonces redireccionar una parte de su "tercio" en los
beneficios empresarios hacia el personal propio y de terceros del
emprendimiento, para modificar las relaciones laborales sin costo para
el emprendedor.





CONFLICTO O ARMONÍA



La economía (y por ende en la sociedad) podría dejar de ser un constante conflicto

Simplemente hay otros que producen algo que uno necesita; quien a su vez produce algo que otros necesitan.

De manera que partiendo del costo, pero en la medida de la necesidad, se
puede determinar el precio justo, lo cual podría ser la base de la
armonía social.

Cualquier elemento que afecte esa ecuación genera inexorablemente un conflicto que termina en política.

Si no hubiera conflictos, no habría funcionarios redistribuyendo.

Si a los asalariados se les pagara por el valor de lo que producen (cosa
que no sucede desde la revolución industrial), la sociedad sería
armónica.

Este trabajo permite conocer cuál es el valor de lo que produce un
asalariado. Y eso es todo lo que necesita la sociedad para resolver esta
crisis terminal.

El proyecto consiste en esencia en que el personal de todos los
emprendimientos comience a participar en los beneficios del mismo.

Más precisamente, que la participación que el Estado tiene en los
beneficios de todos los emprendimientos (que es la tercera parte de los
mismos), sea transferida al personal propio y de terceros de cada
emprendimiento, con algunas especificidades.

Aunque a primera vista no lo parece, esa leve modificación de las
relaciones laborales acabará con el desempleo, pues con el cambio de
actitud de los asalariados, la inversión más rentable serán los
emprendimientos con más carga de personal. Y el Estado se ahorrará el
asistencialismo, que es mucho mayor que el impuesto a los beneficios
empresarios que redireccionará.



Se trata de buscar caminos más naturales.

Si una persona sola en el campo puede generar excedentes como para
alimentar a su familia y progresar, cuánto más podrían hacer muchas
personas si el sistema respetara esos naturales incentivos a la acción.

Los asalariados no lograron todavía cobrar por lo que hicieron sino sólo
por lo que necesitaron para continuar trabajando, y eso ha extirpado su
incentivo humano.

Los ha transformado en personas en letargo que ni sospechan que su
trabajo sea la columna vertebral de la marcha económica de la sociedad.

Los aumentos salariales por productividad podrían ser pagados por el
Estado, con el dinero que tributó cada empresa como impuesto al
beneficio empresario.

Será la manera más justa de remunerar al asalariado, y así cada uno
podrá administrar los excedentes que genere y se sentirá parte de la
sociedad, lo cual lo librará de depresión y adicciones.

El ser humano está preparado para actuar por incentivos.



Tanto Cuestas, Tanto se Espera de Ti

A pesar de que no se advierte aún, la rentabilidad de todos los
emprendimientos está disminuyendo peligrosamente si se lo considera a
valores constantes. Ello significa que la parálisis se está consolidando
cada vez más.



Sabemos que al emprendedor "le corresponden" como mínimo los intereses,
amortización, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes a su capital
inmovilizado, (pues para eso puso el emprendimiento) y sabemos que al
asalariado "le corresponden" análogamente su remuneración y accesorios
de ley, (pues para eso se levanta a trabajar cotidianamente).

Entonces, si después de haber pagado esos costos, quedan ganancias en el
emprendimiento es porque sus participantes hicieron más que lo que se
esperaba de ellos. Por ello es que las ganancias deben adjudicarse
proporcionalmente a los costos respectivos. Porque son esos costos lo
único que puede llevarnos a determinar la potencialidad relativa de
ambos: Tanto cuestas, tanto de espera de ti.



La compatibilización de objetivos entre emprendedores y asalariados en
una economía libre siempre es preferible a la coerción ejercida por el
Estado.

El rol del Estado no es perseguir fines en nombre de la comunidad, tales
como distribuir la riqueza, "promover" la cultura, "apoyar" al sector
agrícola, o "ayudar" a pequeñas empresas, sino el limitarse a sí mismo a
la protección de los derechos individuales y dejar que los ciudadanos
persigan sus propios fines de un modo pacífico.



El mejor modo de combatir la pobreza es garantizar un sistema en el que
cada uno, inclusive el asalariado, administre los excedentes que genere.


Que a cada uno se le pague al valor de su producto y no sólo al valor de
lo que necesite para estar disponible para trabajar al día siguiente.

Que todos puedan experimentar el "siembra, y cosecharás", desterrando el
"Siembra, nosotros cosechamos y cubrimos tus gastos para que mañana
puedas seguir sembrando"





ANTECEDENTES



Existen antecedentes del tipo de organización aquí propuesta aunque no
alcanzaron a determinar exactamente la forma de distribuir los
excedentes entre el capital y el trabajador. Según describe el profesor
W. Stanley Jevons de la Universidad de Londres, otro inglés, el
matemático Charles Babbage, propuso en el año 1832 que una parte de los
salarios del trabajador dependiese de las utilidades del dueño.

Con ese criterio se lograron más adelante hacer arreglos en algunas
empresas, según los cuales los capitalistas tomarían primeramente de las
utilidades lo bastante a pagar 10 % de interés sobre el capital, además
de una suma para contrarrestar la depreciación de la maquinaria. (Véase
aquí la semejanza entre el concepto de utilidad distribuible que salva
la renta mínima y la descapitalización por el uso del capital con el que
en este escrito hemos denominado 'recursos excedentes', justamente para
diferenciarlo de aquella utilidad que caracteriza la participación en
las ganancias de las empresas).

El provecho restante se dividía entonces en dos partes iguales, una para
los dueños y la otra para repartirse entre los trabajadores,
proporcionalmente a los totales de salarios que durante el año hubiera
recibido cada uno. A esta clase de cooperación se le llamó en su momento
Sociedad Industrial, y es parecida a la aquí propuesta, salvo en que
ahora la distribución de los excedentes se realizaría teniendo en cuenta
la justa responsabilidad relativa que en los mismos hayan tenido los
trabajadores y el capital. Pudo ser ésa una de las razones por las que
como cuenta el profesor Jevons ni los empleadores ni los gremios lo
quisieron, aunque reconoció que el sistema estaba de acuerdo con los
principios de la economía política y sería probablemente adoptado por
alguna futura generación.



Aquí se intenta aprovechar el máximo de la potencialidad de las
personas, de las máquinas y de las tierras. Se trata de aprovechar las
motivaciones naturales de la sociedad en su conjunto haciendo que los
excedentes dejen de ser transferidos injustamente desde zonas
productoras a zonas consumidoras.

Tanto la filosofía liberal como la socialista han utilizado esas
motivaciones en forma magistral, debido a lo cual han logrado prósperos
imperios, pero en su vorágine, subestimaron las motivaciones de sus
ocasionales adversarios.

Ello quedó en evidencia cuando comenzaron a generar resentimientos en los demás sectores de la economía.



Esta propuesta considera que cada uno debería administrar el excedente que genera.





IMPACTO



Éste es un proyecto de amplio impacto.

Cuando el Estado logre que las relaciones laborales viabilicen este
objetivo trascendente en los asalariados, no sólo que acabará con el
desempleo y la consecuente pobreza sino que el progreso de la sociedad
en su conjunto, será constantemente creciente.

Cuando el impuesto al beneficio empresario sea redireccionado hacia el
personal propio y de terceros de todos los emprendimientos, los
asalariados podrán lograr su objetivo (físico, psíquico y espiritual) de
producir mucho más que lo que vayan a consumir.

Y los capitales invertidos en producción serán altamente rentables, acabando así con el desempleo y la pobreza.

A las virtudes de estas nuevas relaciones laborales las denominamos
"teoría del arrastre" porque el trabajo arrastrará al capital a mayores
rentabilidades, en contraposición a la actual "teoría del derrame" que
supone ilusoriamente que es el capital que derrama sobre los
asalariados.

El impacto principal de este proyecto será entonces, que todos los
participantes de la economía producirán en armonía, en sinergia.

El crecimiento del producto bruto será sostenidamente creciente.

Iniciará una fuerte demanda de personal en todos los niveles, a medida
que se vayan abriendo nuevos frentes de ataque, es decir a medida que se
vayan conquistando mayores áreas para explotar con creciente
rentabilidad.

Contratar personal ya no será "un peligro" sino "una bendición".

Doblegará la parálisis, el miedo y el pesimismo, el cual actualmente nos inmoviliza.

Desterrará esa falacia de achacar los problemas sociales a la falta de educación o al egoísmo o al “imperialismo”.

Se podrá observar casi inmediatamente un resultado notorio y explosivo,
recomponiendo nuestra autoestima, principal recurso para el crecimiento.

El único impacto negativo es que habrá que trabajar duro.


www.proyectoactitud.com

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Notas

Sobre la Libertad

"...un "ir yendo" hacia algún lado, y esto parece no servir en un mundo que vive al día y pretende abolir el horizonte. Sin embargo, se está viendo que "no ir para ningún lado" y ser "libres como hoja al viento" no es necesariamente sinónimo de libertad, sino de ser, muchas veces, esclavos... del viento."

Fragmento de "Elogio del noviazgo" de Miguel Espeche

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Creada por Laureano Mones Cazon. Dic 3, 2011 at 4:21pm. Actualizada la última vez por Laureano Mones Cazon. Dic 3, 2011.

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